En arquitectura, las gárgolas, cuyo nombre deriva de la palabra francesa gargouille o garganta, son la parte final del canalón por donde se vierte agua de los tejados. Estos elementos, utilizados desde la antigüedad, se esculpían imitando cabezas de animales reales o mitológicos
Las gárgolas son terrores nocturnos y guardianes a la vez, monstruosas criaturas de piedra o cobre, que acechan a los malvados y protegen las construcciones sagradas desde hace siglos. Estas figuras vivieron su auge durante la Edad Media, con la arquitectura gótica, pero llevan con nosotros mucho más tiempo.
Al lanzar el agua de lluvia al vacío, las gárgolas protegen la catedral y evitan que el exceso de escorrentía cause daños a la piedra.
Esa es la diferencia principal entre las gárgolas y las quimeras. Las primeras sirven para evacuar el agua de lluvia, mientras que las segundas tienen finalidad decorativa.
Así que, a pesar de que muchas personas puedan creer que solamente son parte de la decoración de las iglesias o catedrales, estas estructuras tienen la importante función de “proteger” esos espacios religiosos y sagrados.
En cuanto a la iconografía, las gárgolas se pueden clasificar en tres tipos de figuras: humanos, animales y monstruos. Así pues, se pueden encontrar figuras de animales reales, de humanos grotescos y de monstruos fantásticos o mitológicos, algunos con características antropomorfas.
Gárgolas de la Catedral de Segovia, Imagen de Antonio Marín Segovia, en Flickr
Sobre el origen simbólico de las figuras de las gárgolas, ha habido muchas conjeturas al respecto.
Entre los animales, los más representados son leones y perros, pero también machos cabríos y águilas.
Entre los seres fantásticos, grifos, harpías, demonios, dragones, sirenas y otros surgidos de la imaginación del artista.